España registra 275.209 hectáreas quemadas en 2026, la mayor superficie arrasada por incendios forestales de los últimos diez años

Los 45 grandes incendios forestales concentraron el 80,5 % de la superficie afectada hasta el 20 de septiembre, en una campaña que ha exigido más de 10.000 horas de vuelo de los medios aéreos del MITECO.

Los incendios forestales han arrasado 275.209 hectáreas en España entre el 1 de enero y el 20 de septiembre de 2026, una superficie 2,5 veces superior a la media del último decenio y la mayor registrada en ese periodo desde 2016. El balance provisional del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) refleja una campaña marcada por la concentración de grandes incendios, el incremento de la superficie arbolada afectada y la elevada demanda de medios de extinción.

Los datos fueron presentados este martes por Rafael Gómez del Álamo, jefe del Área de Defensa contra Incendios Forestales del MITECO, durante la VIII Jornada Técnica de Lucha contra Incendios Forestales, organizada por Tecnifuego. Según el balance, hasta el 20 de septiembre se habían contabilizado 8.122 siniestros, un 7 % más que la media de los últimos diez años y un 18 % más que en el mismo periodo de 2025.

Aunque el número de grandes incendios forestales (GIF), aquellos que superan las 500 hectáreas, se ha reducido de 62 en 2025 a 45 en 2026, estos episodios han concentrado el 80,5 % de toda la superficie quemada. Además, su extensión media ha alcanzado las 4.925 hectáreas, un 59 % por encima del promedio decenal.

La superficie arbolada afectada asciende a 153.872 hectáreas, prácticamente el doble que en 2025 y más de cuatro veces la media de la última década. Esta cifra representa más de la mitad del terreno forestal quemado durante el periodo analizado.

Más de 10.000 horas de vuelo de los medios aéreos

La intensidad de la campaña también se ha trasladado al trabajo de los dispositivos de extinción. Entre el 1 de enero y el 21 de septiembre, los medios aéreos del MITECO intervinieron en 498 incendios y acumularon 10.067 horas de vuelo, un 27 % más que en el mismo periodo del año anterior y más del doble de la media de los últimos diez años.

Durante la campaña de máximo riesgo, comprendida entre junio y septiembre, se registraron 4.944 siniestros y 245.653 hectáreas de superficie forestal quemada. En el conjunto de las operaciones, los medios aéreos realizaron 2.659 salidas y más de 50.000 descargas de agua. Estas cifras suponen incrementos interanuales del 30 % en las salidas y del 31 % en las descargas.

Gómez del Álamo ha destacado el esfuerzo de los dispositivos durante una campaña especialmente exigente, aunque también ha advertido de las dificultades para mantener las aeronaves operativas por problemas de mantenimiento y la antigüedad de parte de la flota. De los 56 medios aéreos previstos inicialmente para el verano, finalmente estuvieron disponibles 54, debido a la reducción de diez a ocho aviones anfibios operativos.

Ante este escenario, el responsable ministerial ha defendido la necesidad de mantener la capacidad de extinción y reforzar, al mismo tiempo, las medidas de prevención. El balance provisional deberá actualizarse, además, con los incendios registrados en las últimas semanas, que sumarían alrededor de 5.000 hectáreas afectadas y dos nuevos grandes incendios.

Emergencias más complejas y población expuesta

La evolución de los incendios forestales plantea desafíos que van más allá de la superficie quemada y de los recursos necesarios para combatir las llamas. El ingeniero de montes y consultor internacional David Caballero ha advertido de que los fuegos son cada vez más complejos y pueden interactuar entre sí, hasta fusionar distintos frentes y dificultar las labores de extinción.

Un ejemplo de esta situación se produjo en la Sierra Oeste de Madrid, donde varios frentes llegaron a unirse y amenazaron con conectar con el incendio de Burgohondo, en Ávila. Entre los factores que favorecen este comportamiento figuran las olas de calor y el estrés hídrico de la vegetación, que incrementan la disponibilidad de combustible y facilitan la rápida propagación de las llamas.

El riesgo es especialmente elevado en la interfaz urbano-forestal, las zonas donde las viviendas y los núcleos habitados entran en contacto con la vegetación. Los asentamientos dispersos, la presencia de vegetación inflamable y las dificultades de acceso y evacuación aumentan la vulnerabilidad de estas áreas.

La campaña también ha dejado un balance de 21 fallecidos, 15 de ellos en Los Gallardos, en Almería, además de graves daños en núcleos de población. Por su parte, el complejo de incendios que afectó a Ávila, Madrid y Toledo obligó a evacuar o confinar a alrededor de 115.000 personas, aunque se saldó sin víctimas mortales.

Coordinación y prevención, prioridades para futuras campañas

La experiencia de este verano ha puesto de manifiesto la importancia de mejorar la coordinación entre administraciones, los servicios de emergencia y los dispositivos de protección civil. El MITECO plantea reforzar los simulacros conjuntos, desarrollar protocolos operativos y mejorar la integración de los medios de apoyo internacional para optimizar la respuesta ante episodios de especial complejidad.

Caballero también ha reclamado una mayor implicación de la población en la gestión del riesgo. La preparación de los residentes y propietarios de viviendas situadas en zonas expuestas debe formar parte de las estrategias preventivas, junto con una comunicación eficaz que permita tomar decisiones seguras durante las emergencias.

El balance de 2026 vuelve a situar la prevención y la capacidad de respuesta como dos elementos complementarios. El incremento de la superficie arbolada quemada, la concentración del daño en grandes incendios y la presión sobre los recursos de extinción evidencian la necesidad de adaptar la gestión forestal y los dispositivos de emergencia a unos escenarios cada vez más exigentes.

Imagen: Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico

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