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Los servicios de emergencia sanitaria advierten de la importancia de esta iniciativa, a ctualmente sólo siete Comunidades Autónomas son ya regiones cardioprotegidas. Valencia y Madrid han sido las últimas en sumarse, pero deben aumentar exponencialmente, el paro cardiaco es una de las principales causas de muerte en nuestro país.

La Comunidad Valenciana ha sido la última autonomía en sumarse a la ‘innovación’ de convertirse en una región cardioprotegida con la instalación obligatoria de desfibriladores en lugares públicos. Antes ya lo habían hecho Andalucía, Canarias, País Vasco, Cataluña, Asturias y Madrid, otra de las últimas regiones en sumarse a esta iniciativa.

Los servicios de emergencia sanitaria advierten de la importancia de esta iniciativa que se está comenzado a llevar a cabo en muchas autonomías. Tener el mayor número de regiones cardioprotegidas contribuirá a que la muerte por parada cardiorespiratoria disminuya y a su vez a que los servicios de emergencias sanitarias puedan ejercer mejor su labor. De acuerdo con diferentes estudios, se calcula que en España existen sólo dos desfibriladores por cada 100.000 habitantes y resulta llamativo que sólo seis Comunidades Autónomas obliguen a instalar estos equipos en espacios públicos.

España, muy por detrás de otros países
Ante una parada cardiorrespiratoria, el simple reconocimiento de la misma por parte de los testigos puede marcar una diferencia vital para el paciente. Pero en la mayoría de las ocasiones, el desconocimiento o el miedo causan en las personas una sensación de inseguridad que les impide actuar y ayudar a las víctimas. Sin embargo, cualquier ciudadano es capaz de identificar una parada cardiorrespiratoria y ante ella. La tecnología y la innovación aplicada a en las últimas soluciones de desfibrilación hacen de la reanimación cardiopulmonar un proceso accesible a todo el mundo.

La muerte súbita cardiaca es una de las causas más frecuentes de muerte en los países desarrollados. Se calcula de la incidencia en el mundo es de 3 millones de casos al año, 400.000 de ellos en Europa Occidental. La rapidez con la que se trata al paciente es fundamental, ya que la supervivencia se reduce un 10% por minuto.

Por este motivo, los desfibriladores externos automatizados (DEA) son fundamentales. Sin embargo, España está muy por detrás de otros países de nuestro entorno: apenas hay 2,6 por cada 10.000 habitantes, frente a los 11 de Alemania, los 12,9 de Reino Unido y Dinamarca, los 18,5 de Francia o los 54,7 de Japón.

La Federación Española del Corazón (FEC) recuerda que, cada 20 minutos, se produce un caso de muerte súbita en España. Situaciones en las que se podría intervenir con un desfibrilador automático cerca y con los conocimientos necesarios para manejarlo. Por eso, la FEC defiende la instalación de más dispositivos en lugares públicos y la implementación de unos servicios de ambulancia eficientes.

Desde los servicios de ambulancias recuerdan la importancia de una atención rápido con un desfibrilador en un plazo máximo de cinco minutos, a esto también se suma la importancia de tener unos servicios de ambulancia eficientes que puedan dar cobertura al máximo número de punto en toda España.

Por otro lado, España también ‘suspende’ en formación de esa resucitación cardiopulmonar, ya que sólo en uno de cada cinco casos el paciente recibe maniobras de resucitación o reanimación cardiopulmonar, en parte porque apenas un 6% de la población sabe hacerlas. "Además de llamar al 112, los ciudadanos pueden hacer muchas cosas si están debidamente formados. La mejor UVI móvil del mundo tarda 8 minutos en llegar, y los ciudadanos pueden hacer más", según explica Carlos Urkia, secretario del Consejo Español de Resucitación Cardiopulmonar (CERCP, que entiende que al menos se debería conseguir que en España uno de cada cinco ciudadanos supiera realizar estas maniobras.

Por ello es muy necesario que este tipo de aprendizaje se lleve a cabo, por ejemplo, en la formación de educación secundaria, países como Noruega, Suecia o Finlandia lo hacen desde hace años. Incluirlo en el examen del carné de conducir podría ser otra de las opciones.

Cadena de supervivencia
Para que la supervivencia por paro cardiaco aumente, se estima que el 20% de la población debería estar formada en técnicas de resucitación cardiopulmonar. En España, ese porcentaje equivaldría a que nueve millones de personas tendrían que tener este tipo de información.

Esto llevaría a mejorar significativamente la cadena de supervivencia, ya que esta está compuesta por, la alerta precoz a los servicios de urgencias, el comienzo de las maniobras de resucitación cardiopulmonar básica precoz, seguido de desfibrilación precoz y terminando con el apoyo cardiovascular avanzado, prestado por los servicios de urgencias y emergencias.

En España, los cuatro eslabones se han desarrollado de distinta forma desde el punto de vista temporal, cuantitativo y cualitativo y, paradójicamente, no se ha hecho de forma secuencial. En la década de los noventa del pasado siglo, con la implantación de los Servicios de Emergencias y los Centros Coordinadores de Emergencias se consiguió desarrollar de forma satisfactoria el primer y último eslabón.

En los últimos años, con la aparición de los desfibriladores semiautomáticos, se está logrando mejorar el tercer eslabón. Sin embargo, el segundo eslabón, inicio de maniobras de RCP por los testigos, sigue siendo débil, solo uno de cada cinco pacientes reciben reanimación por los testigos.

Intentar mejorar la respuesta ante esta situación, es uno de los objetivos del CERCP y la educación en esta materia a los ciudadanos es un punto clave para lograrlo. Así pues, considerando que la supervivencia de muchas víctimas, que gozan aparentemente de buena salud, depende de la Reanimación Cardiopulmonar y de la desfibrilación precoz, y considerando que la intervención dentro de los 3-4 primeros minutos puede aumentar las posibilidades de supervivencia a más del 50 %; sí se aumentara el porcentaje de personas que aprenden e inician las medidas de RCP se podrían salvar 100.000 vidas en Europa cada año.

La incorporación de las columnas de rescate cardíaco en lugares públicos completa la cadena de la supervivencia'. La CRC es, el servicio más avanzado del mundo para combatir la muerte súbita. Este dispositivo incorpora un desfibrilador y está conectado directamente al 112, efectuando una llamada automática a los servicios de emergencia ante una parada cardiaca. La Vaguada fue el primer centro comercial en el que se implantó la Columna de Rescate Cardíaco y posteriormente se han ido instalando en diversas empresas, centros comerciales e instalaciones deportivas. El aparato realiza una evaluación del estado de la víctima y, mediante la voz, va indicando los pasos a seguir. Sólo en caso de parada cardiaca aplica la descarga eléctrica para revertir este estado.

El ejemplo de Madrid
El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid ha aprobado el decreto definitivo que regula la instalación y el uso de desfibriladores externos fuera del ámbito sanitario, así como su registro por parte de la Consejería de Sanidad, tras los trámites preceptivos y el de consulta pública del texto. La norma convierte así a Madrid en región “cardioprotegida”, al marcar la obligatoriedad de la instalación de estos dispositivos en determinados lugares de gran afluencia.

Entre ellos, tendrán que tener desfibriladores automáticos o semiautomáticos los grandes establecimientos comerciales, aeropuertos, estaciones de autobuses y ferrocarril en poblaciones de más de 50.000 habitantes; y las estaciones de metro, ferrocarril y autobús con una afluencia media diaria igual o superior a 1.000 personas. También los establecimientos públicos con un aforo igual o superior a 2.000 personas; y los establecimientos dependientes de las administraciones públicas en poblaciones de más de 50.000 habitantes y con una afluencia media diaria igual o superior a 1.000 usuarios.

Asimismo, tendrán que tener desfibrilador las instalaciones, centros o complejos deportivos en los que el número de usuarios diarios sea igual o superior a 500 personas; los centros educativos; los centros de trabajo con más de 250 trabajadores, los establecimientos hoteleros con más de 100 plazas y los centros residenciales de mayores de más de 200 plazas.

Podrán utilizar los desfibriladores externos el personal sanitario y los técnicos en emergencias sanitarias. No obstante, en el caso de que no se encuentre algún profesional de estos colectivos, y al objeto de aumentar las posibilidades de supervivencia, cualquier ciudadano podrá utilizar un desfibrilador automático siguiendo sus instrucciones, tras haber contactado previamente al inicio de las actuaciones con los Servicios de Emergencias a través del teléfono 112.

Los Servicios de Emergencias 112 de la Comunidad de Madrid registraron en 2016 un total de 1.351 paradas cardiorrespiratorias en la región fuera del ámbito hospitalario, lo que pone de manifiesto la necesidad del uso de este tipo de dispositivos por parte de los madrileños.

La Administración regional instalará alrededor de 2.100 desfibriladores en los centros e instalaciones dependientes de las distintas consejerías. Cada aparato tiene un coste unitario de unos 800 euros, por lo que la Comunidad de Madrid destinará en torno a 1,6 millones para ofrecer “cardioprotección” a sus trabajadores y usuarios.

Los organismos, instituciones o empresas que tengan que disponer de un desfibrilador dispondrán de un período de doce meses desde la entrada en vigor del decreto, tras su publicación en el BOCM, para proceder a su instalación. Aquellos que ya dispongan de alguno de estos aparatos tendrán un plazo de tres meses para adaptarse al resto de disposiciones contenidas en la norma.

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