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Los beneficios que pueden aportar los drones en el ámbito de las emergencias son innegables.

Hace escasos años hablar de drones fuera del ámbito militar sonaba a ciencia ficción. Sin embargo, en la actualidad pocos desconocen qué son esos pequeños aparatos voladores no tripulados, que no sólo han ido ganando en popularidad sino también en utilidad. Labores de exploración y vigilancia, investigación científica, ocio y entretenimiento, limpieza de residuos tóxicos… Sus aplicaciones pueden ser tantas como permita la imaginación, y el sector de las emergencias no es ajeno a ellas.

- Situaciones de catástrofe: Los drones pueden ser altamente efectivos en situaciones límite, en especial en áreas de difícil acceso, ya que su velocidad de vuelo les permite recorrer distancias enormes en poco tiempo, pudiendo realizar evaluaciones de zona e incluso transportar ayuda.

- Rescate de personas: El reconocimiento de personas perdidas en zonas complejas, tales como bosques o montañas, se ve facilitada por la posibilidad de estos aparatos de volar a poca altura junto con una cámara de alta calidad que transmite en tiempo real. Pero sus aplicaciones pueden ser aún más innovadoras. Un ejemplo de ello lo encontramos en la Policía de Canadá, que pudo localizar y rescatar a un accidentado que había quedado inconsciente una noche particularmente fría gracias a la marca de calor que desprendía su cuerpo y que fue detectada por los drones.

- Control de incendios: Los drones diseñados para la prevención y el control de incendios forestales se dedican a reunir la información necesaria para anticiparse en lo posible a la expansión del fuego en los bosques. Otros cuerpos de bomberos, como el de Nueva York, han utilizado drones para el control de incendios en ciudades, permitiendo a los jefes en el puesto de mando ver la operativa de los bomberos y tomar decisiones que ayuden a extinguir los incendios al tiempo que se mantiene al equipo seguro.

- Emergencias sanitarias: Tal vez sea éste uno de los campos menos explorados a la hora de hablar de drones, ya que la idea de ser atendidos por un ‘mini robot volador’ en lugar de por un profesional sanitario parece ejercer de cortapisa. Sin embargo, los beneficios que pueden aportar estos drones sanitarios son innegables, y así se está demostrando en los países donde se está implementando su uso, tales como Holanda o Bélgica, siempre como apoyo y complemento a la labor de los profesionales, nunca reemplazándola.

Drones y paros cardíacos

A finales del año pasado, el consejero madrileño de Sanidad, Jesús Sánchez Martos, aseguraba que el tiempo de respuesta en la Comunidad, desde el inicio del nuevo contrato de transporte sanitario, se situaba en 19 minutos de media, muy por debajo de los 25 que establecen los pliegos para zona urbana y los 35 exigidos en zona rural. Una reducción digna de aplauso, y que tiene mucho que agradecer a la pericia de los profesionales que van detrás del volante de una ambulancia, pero que en ocasiones puede ser insuficiente para salvar una vida, sobre todo cuando hablamos de una persona que está sufriendo un paro cardíaco. Al menos hasta que contemos con desfibriladores en cada esquina, cada minuto cuenta, por lo que resulta fundamental encontrar nuevas maneras de agilizar la atención sanitaria en estos casos.

En esta línea, un equipo de investigadores de la Universidad de Toronto publicó un artículo en la revista científica Circulation en el que se analizaron registros médicos de 53.702 paros cardíacos en una extensión de 26.851 km2 de áreas rurales y urbanas de Toronto, Canadá, con el objetivo de determinar la agilidad de traslado de estos drones respecto a los servicios de emergencias clásicos. Es importante reseñar que alrededor del 85% de los paros cardiacos fuera del hospital que se producen en el sur de Ontario tienen lugar dentro de una residencia privada.

En base a un modelo de 37 drones y 23 bases en zonas rurales y 28 aparatos y 15 bases en áreas urbanas, los investigadores canadienses calcularon que los drones de las áreas rurales podían llegar 10,34 minutos antes que el transporte sanitario urgente, mientras que en las urbanas el ahorro alcanzaba los 6,43 minutos. De esta manera, Timothy Chan, director del Centro de Ingeniería para la Atención de la Universidad de Toronto, asegura que “para nosotros, la idea de utilizar un avión no tripulado para entregar un DEA (desfibrilador externo automático) a una zona privada donde se está sufriendo un paro cardíaco parecía una obviedad”. “El dron puede volar en línea recta y evitar los obstáculos a los que se enfrenta una ambulancia. No hay que preocuparse por el tráfico, y mientras se espera la llegada de los paramédicos se puede comenzar el tratamiento con el DEA, tan pronto como sea posible. Porque cada minuto que pasa disminuye la posibilidad de supervivencia”, recuerda Chan.

Cuantificar de forma exacta el número de vidas que podrían haberse salvado en los últimos años de tener implementado un sistema como el que propone Chan ha sido uno de los principales retos de la investigación. En todo caso, el científico pone el énfasis en el desafío que presentan las restricciones reglamentarias a la hora de hablar de una implementación masiva de drones que transporten DEAs, si bien para algunos éste solo es un tema de tiempo. Siguiendo con Norteamérica, Google y Amazon ya están trabajando en la implementación de drones para entregas de pedidos “y han estado presionando al gobierno para que facilite estas regulaciones”, explica Justin Schoellig Boutilier, miembro del equipo de investigadores de la Universidad de Toronto. Para Boutilier, “si el gobierno permite la entrega de productos comerciales por parte de aviones no tripulados, tendría que permitir la entrega de DEAs, ya que es una cuestión que puede salvar vidas".

“Dependiendo de con quién hable –agrega el investigador– la respuesta puede ser muy diferente. Cuando hablo con profesionales médicos algunos me dicen ‘eso es muy futurista’, mientras que cuando hablo con amantes de la tecnología su reacción es a menudo diferente: ‘esa tecnología ya existe desde hace algunos años. Podríamos hacer eso que dices mañana mismo’, me responden”.

Ante este panorama, Boutilier explica que lo que el equipo de investigadores intenta hacer es “sacudir las cosas un poco en el campo de las emergencias médicas, y cambiar la forma de pensar que tiene la gente en torno a este tipo de problemas”.

En un futuro cercano Boutilier espera liderar el proyecto en Muskoka, una región con una alta tasa de reanimación cardiopulmonar (RCP) y el tiempo de respuesta más lento de todas las regiones de las que se han recolectado datos. "Creo que la tecnología está ahí. Creo que el reto está en los detalles de cómo hacer que esto funcione”. "Se está trabajando a través de las regulaciones gubernamentales, la coordinación con los Servicios Médicos de Emergencia, y asegurándose de que el público está detrás de esto, que tienen conocimiento de los drones y sus diversos propósitos”, continúa. “Pero en última instancia, creo que esta idea realmente puede permitirnos dar un gran salto adelante en nuestra capacidad para proveer de desfibriladores a los pacientes. Creo que dentro de cinco o 10 años las entregas de estos aparatos con drones serán una realidad".

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