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Entrevistamos a Juan Carlos Medina, jefe de Recursos de SAMUR-Protección Civil, un servicio que nació en los años 90 con apenas tres ambulancias y que en la actualidad cuenta con 900 profesionales, 1200 voluntarios y 240 vehículos.

Juan Carlos Medina, jefe de Recursos de SAMUR-Protección Civil, empezó su trayectoria en emergencias “casi desde que era un niño”. Pionero en la creación de SAMUR junto a Javier Quiroga y José Luis Gilarranz en la década de los 90, conoce el servicio desde que se fundó, cuando “no tenían bases y les dejaban una habitación en una casa de socorro”. Durante estos treinta años, ha vivido episodios cruciales como el atentado por un coche bomba en la Plaza de Castilla o la reciente crisis sanitaria a causa del covid-19.

¿Cuáles son sus funciones dentro de SAMUR-Protección Civil?

Ahora mismo soy el jefe del Departamento de Recursos, llevo tanto recursos humanos como recursos materiales, con todo lo que sea compra, mantenimiento de bases o creación de bases, como las nuevas que se están construyendo. Respecto a recursos humanos, atiendo a toda la gestión del personal. Somos una administración pública, por lo tanto, hay un área que llevamos nosotros y otra que la lleva el Departamento de Personal del Ayuntamiento de Madrid. Junto a mi equipo, llevo las guardias, cómo se hacen, cómo se gestionan o el vestuario, entre otros aspectos.

A día de hoy, SAMUR cuenta con 900 profesionales junto a 1200 voluntarios de Protección Civil y 240 vehículos. ¿Está prevista la ampliación de los profesionales?

Sí, está prevista. Los 900 profesionales son los que están a día de hoy, pero hay una ampliación de plantilla prevista conforme a los convenios que tiene el Ayuntamiento y conforme a la gestión que lleva de personal de aproximadamente unos cien efectivos en varias fases. Ahora mismo, no está definido cuántos se incorporarán cada año, pero en el convenio laboral que se está firmando hay una ampliación de unos 30, 40 al año.

¿Está prevista la ampliación de la flota de vehículos? ¿Qué puede contarnos de las ambulancias de Soporte Vital Básico y Avanzado?

Sobre las unidades de Soporte Vital Básico y Avanzado, tenemos dos formas de tenerlas: una es el renting, que son fundamentalmente las ambulancias de SVB y SVA de tipo estándar. Hacemos un modelo y se lleva a cabo un renting que en una parte acaba en 2024, así que tendremos que reponer. Estas unidades son alrededor de 50. Luego tenemos vehículos más específicos que son nuestros, los compra el Ayuntamiento y son propiedad del SAMUR. Son, por ejemplo, las ambulancias 4X4, un tipo de vehículo que hemos aumentado en número a raíz de Filomena. Tenemos vehículos especiales como los de apoyo a accidentes de múltiples víctimas, los cuales hemos complementado porque eran muy pesados. Los adaptamos a un vehículo más ligero, hemos diseñado un tipo furgón que nos llegará próximamente.

Las ambulancias caducan a los 10 años, pero el vehículo no, así que los transformamos. Unas de las transformaciones que se hacían de este tipo de vehículos eran lo que llamamos la ‘farmacia móvil’. La farmacia móvil nace como idea después del atentado de Vallecas. En este atentado, llegamos entre cuatro y seis unidades. Empezamos a sacar el material y las ambulancias quedaron, como nosotros lo llamamos, ‘buitreadas’, es decir, estaban inoperativas. Así que tuvimos que mandar otras ambulancias para hacer los traslados. Ahí se nos ocurrió la idea, como ya estábamos montando la llamada columna sanitaria, en la que estaba la idea de estos vehículos de apoyo logístico, estos vehículos NRBQ y de múltiples víctimas que te comentaba, una de las ideas fue crear una farmacia móvil: un vehículo dotado de todos los materiales que lleva la ambulancia de sustitución.

Esa fue la idea inicial, te hablo de 1995. Eran vehículos que salían a demanda, según la necesidad, no estaban operativos. Esto se utilizó como primera medida pública en el atentado de Avenida de Badajoz. Después pasó a estar 24 horas operativo o 17 como la farmacia, que lleva todos los medicamentos y todo lo que puede llevar una ambulancia como reposición.

También necesitamos vehículos de transporte. Dentro de poco adquiriremos tres o cuatro ambulancias para el transporte colectivo, que en realidad es transporte de personal. Respecto a los camiones, este año compramos un contenedor. Este contenedor se abre, creando una superficie cerrada y aislada de unos 5 por 7 metros. Lo podemos utilizar como puesto de socorro fijo, por ejemplo, en el Orgullo LGTBI, donde antes se montaban tiendas. En las fiestas del Barrio del Pilar, al ser diez días, tiene la ventaja de que no hay que montarlo y desmontarlo, lleva candado y se queda fijo en un sitio. Este contenedor necesita un camión especial para su traslado, así que hemos comprado dos camiones que llegarán en 2023.

También vamos a adquirir vehículos UPR, ya que los voluntarios van en un vehículo de intervención rápida. Hemos comprado estos vehículos que en un principio eran Toyota, y seguiremos comprando y ampliándolos porque nos dan mucho servicio.

¿Cuál ha sido su trayectoria en SAMUR? ¿En qué año se incorpora al servicio?

Mi trayectoria en emergencias es casi desde niño, empecé en Cruz Roja como socorrista de montaña. Después estudié medicina, volví a la Cruz Roja como médico y ascendí hasta ser el director regional de Socorros y Emergencias. En ese periodo es cuando empieza el SAMUR. Hay una idea en el Ayuntamiento por parte de José Luis Gilarranz y Javier Quiroga con el concejal de ese momento a raíz de Almacenes Arias. Se les ocurre montar un servicio de emergencias. Quiroga, que colaboraba en Cruz Roja, le explica cómo funciona el servicio, que daba cobertura a toda la Comunidad de Madrid con 28 puestos de socorro.

Así que Gilarranz viene a conocer Cruz Roja. Yo estaba de director regional, le enseñamos el centro de coordinación, la base era la misma, ambulancias móviles con una central que recibía los avisos y movía los vehículos por toda la Comunidad de Madrid. Gilarranz me dice que le gustaría que fuera al SAMUR, más o menos en el año 90. El SAMUR se crea con una idea de aquel entonces, que era lo mismo que está ahora, pero con enfermería. En aquel momento había SAMUS en Barcelona o en Bilbao, que eran con enfermería, y ya estaban creando el 061, que ahora es el SUMMA 112, servicios que llevaban UVIs móviles con médicos. Hubo que dar un giro porque, quieras o no, competíamos con ellos. Teníamos que dar la misma calidad de servicio. Se empezó a solicitar médicos y ahí es cuando entro yo, en 1993. Soy uno de los pioneros del servicio.

Como veterano en el servicio, ¿hay algún momento que recuerdes especialmente a lo largo de estos años?

He estado quince años fuera. Cuando volví, trabajé como jefe de Servicio de Urgencias del Hospital de Torrevieja, fueron otros once años. Ahora, por un tema familiar, pedí la reincorporación en Madrid. Me he perdido uno de los momentos más importantes, el 11-M. Nosotros ya estábamos trabajando la fórmula de atender un atentado de esas características, el Papa Juan Pablo II vino y montamos un dispositivo de emergencias con cuatro focos, dividimos el aeródromo de Cuatro Vientos en cuatro áreas independientes y Colón lo dividimos así también. El 11-M fue cuatro áreas independientes dirigido por una central.

Son muchas las cosas graves. Según llegué me tocó el incendio de una residencia en Aravaca en el que tuvimos que movilizar a todos los ancianos. En la primera época, los atentados eran lo que más nos llamaba la atención. A mí me tocó el de la Plaza de Castilla. Yo estaba con una policía. Nos pasaron el aviso de una bomba, de un posible atentado. Nos desplazamos para allá, pusimos los dispositivos y movimos la columna sanitaria a la M-30. Mientras, bajó un autobús que paraba en la plazoleta y empezó a salir la gente, acercándose al foco. La policía intentó pararles, pero no hicieron mucho caso. Justo en ese momento, cuando fui a dirigirme a la policía, la bomba explotó. Ella fue víctima del terrorismo y yo no. Atendimos entre 20 o 30 heridos. Llevo cuarenta años en el servicio así que podría contarte muchísimos, pero el más llamativo fue el de la M-30.

Con la irrupción del Coronavirus, SAMUR tuvo que ampliar su cartera de servicios. ¿Cómo fue su experiencia durante los meses más álgidos de la pandemia?

Cuando se declaró la pandemia y nos confinaron, al principio, fue duro. Nosotros conocíamos lo que era una infección respiratoria, pero no con los datos que estaban llegando, y la información que había tampoco era muy clara. Al principio, nos planteamos dos cosas: primero, que nos bajaba el número de servicios y segundo, que teníamos que cambiar la aptitud de los equipos sanitarios y que teníamos que dar apoyo donde fuera necesario con nuestras posibilidades.

Como responsable de materiales puedo decir que tuvimos mucha suerte al principio, porque a raíz del Ébola se dotó de material, y ese material lo conservábamos. Por lo cual, el primer impacto lo pudimos sujetar. Luego tuvimos que depender de donaciones hasta las compras.

Tuvimos que cambiar la fórmula que tenemos de actuar al atender a un paciente. Con el covid, primero tenían que protegerse y la ropa de protección es incómoda, no es transpirable y psicológicamente te pones un traje para una tarea difícil. Sólo se acercaba un profesional al paciente, tomaba contacto con él si era posible y se le preguntaba qué le pasaba. Si se trataba de un esguince, por ejemplo, o si no tenía fiebre, se hacía una actuación normal. Pero en caso contrario, se vestían los actuantes y se pasaba una ambulancia que, posteriormente, junto a los ocupantes, había que pasar a desinfectar. Hubo que montar desinfección 24 horas en la Base Cero, tarea para la que nos ayudaron los bomberos.

Era medicina de guerra, y en este tipo de medicina tu objetivo es que el sujeto llegue al siguiente escalón. En la medicina actual tú intentas estabilizarlo o solucionar el problema, y si no ya lo preparas para el traslado. Pero en la medicina de guerra, como son tantos los que te vienen, no tienes la misma fórmula de trabajo. Sujetas al paciente hasta el siguiente escalón donde le van a dar otra sujeción y para así llegar al escalón definitivo que es donde le operan.

Como no teníamos mucha información, y cuando la teníamos, cambiaba de un día para otro, hacíamos briefings de entrada, que ya se han quedado de forma permanente. A todos los turnos estuvimos dándoles la información que había, tanto del virus como de personal y de actuación. Esto generó bastante confianza a la gente. Por eso se sigue haciendo, todos los turnos lo hacemos.

También nos tocó abrir Ifema en cuestión de dos días. Deciden que hay que abrirlo porque los hospitales no es que estuvieran colapsados, es que era una catástrofe, tenían a los pacientes en una silla de urgencias dos días. Junto a los voluntarios y los profesionales de logística se montó el pabellón 5 de Ifema. Se empezó un viernes, esa tarde se montaron alrededor de 500 camas, que después tuvimos que ampliar, y el sábado empezó el triaje y todo lo demás.

Como nos bajó la actividad, porque nosotros atendemos la calle y estábamos confinados, hicimos transportes secundarios apoyando al SUMMA 112. Respecto a las residencias, por un lado iban la UME y los bomberos para desinfectar y nosotros planteamos el tema sanitario en un total de 98 residencias. La primera fue la que más me llamó la atención, nos tocó una residencia que estaba fatal, los pacientes se escondían, no querían abrirnos. Tuvimos que valorar a los pacientes para decidir si necesitaban traslado o no al no haber médicos. Con esa experiencia, salimos a Soria y a Segovia, estuvimos dos o tres semanas en cada lugar, fueron 40 profesionales con 4 ambulancias para apoyo en el hospital a una unidad de cuidados intermedios y valoración de todas las residencias de la provincia. 

Este año SAMUR celebra su treinta aniversario. Si echa la vista atrás, ¿está satisfecho con el recorrido del servicio?

Cuando nosotros empezamos teníamos tres ambulancias, porque el SAMUR nace del Parque de Ambulancias del Ayuntamiento. El Ayuntamiento de Madrid tenía tres competencias: la beneficencia, el paciente infeccioso y el paciente psiquiátrico. Eso era lo que había, algo a extinguir. El proyecto que tenían en mente no era lo que existe, querían hacer casas de socorro ambulantes. Tenían unos vehículos grandísimos, eran como furgonetas, casi camiones. La idea era mandarlo a un lugar en concreto para pasar todo el día, como hacen los del Laboratorio Municipal. Pero eso no es un servicio de emergencias, la emergencia es ‘te llaman y vas’. Entonces teníamos tres ambulancias más estos dos camiones. Estaban también los bomberos, que habían comprado tres ambulancias que nos cedieron. Éramos alrededor de doscientas personas. No teníamos bases, nos dejaban una habitación en una casa de socorro. Las ambulancias antiguamente eran una furgoneta a la que se le ponían muebles de cocina y sobre eso se le ponían aparatos. Si yo miro aquel comienzo y pienso en cómo estamos ahora, no es que hayamos avanzado, es que no hay color. Estoy muy satisfecho, yo y todos los que hemos vivido esta etapa. El primer vehículo que se diseñó para ser específicamente una ambulancia lo hizo el SAMUR. Lo que se hacía antiguamente era comprar el vehículo y meter los aparatos. Nosotros nos íbamos golpeando con los salientes, solíamos decir: “El primer bien a proteger es el sanitario”, que es el que iba montado atrás atendiendo al paciente.

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