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La holandesa ‘Ambulance Wish Foundation’ es una fundación conformada por 230 voluntarios con formación médica que cumple de forma gratuita los últimos deseos de pacientes con enfermedades terminales que no cuentan con movilidad y requieren desplazarse en ambulancias especialmente adaptadas para ello.

La Ambulance Wish Foundation de Holanda (Stichting Ambulance Wens Nederland) es mucho más que una fundación sin fines de lucro que traslada a pacientes terminales en ambulancia. Es una familia, formada por 230 voluntarios provenientes de distintos rincones del país –médicos, enfermeros, técnicos de emergencias sanitarias, bomberos y policías, entre otros-, que comparten un pensamiento común: ‘Nadie debiera morir sin haber cumplido su último deseo’.

Para hacer realidad esta premisa, la Ambulance Wish Foundation cuenta con seis ambulancias, diseñadas por Kees Veldboer, fundador del proyecto. “Normalmente este tipo de vehículos no tiene ventanas a los costados, pero las nuestras están hechas para que nadie pueda ver el interior pero la persona que está dentro sí pueda ver el exterior. También he diseñado una camilla especial para que la gente pueda tumbarse de forma más cómoda”, explica en un documental publicado por la cadena norteamericana BYUtv. “Dentro de las ambulancias tenemos de todo, incluyendo un completísimo equipamiento médico, de forma que incluso si la persona está conectada a un respirador artificial podamos ofrecerle atención. Sólo así podemos ayudar a pacientes realmente enfermos”, continúa.

El proyecto arrancó hace 10 años en el salón de la casa de Veldboer, contando con su mujer, Anika, como primera voluntaria. “Trabajamos siete días a la semana, y aunque vivimos en Rotterdam, Holanda, ayudamos a personas de toda Europa, desde acá hasta el sur de España, pasando por Italia, Noruega, Escocia… de norte a sur, de este a oeste. Si no pueden venir, nosotros sí”, detalla.

En cuanto a los deseos de las personas que trasladan, hay de todo, aunque la mayoría de ellos son bastante sencillos de cumplir: Algunas personas desean ir a una boda o a un funeral, hacer una última visita a determinado sitio, despedirse de su hogar o de sus mascotas, o simplemente estar con sus seres queridos. “La gente desea toda clase de cosas”, explica una voluntaria. “Hace un tiempo recogimos a una mujer de 92 años cuyo último deseo era asistir a un partido de fútbol”.

“Nos reímos mucho –agrega otro de los voluntarios-, y eso es porque estás sacando a la gente del hospital, de la cama y, en general, de un ambiente dónde sólo han estado enfermos. Pero por un día ya no lo están, sino que disfrutan de la naturaleza o de algún sitio que aman, ven a otras personas y hacen cosas que quieren hacer”. “A veces hay lágrimas y tristeza –matiza su compañera-, pero la mayoría del tiempo es sólo diversión, ellos quieren pasar un día lindo, disfrutarlo con sus familias y tener buenos recuerdos. Le damos vida a los días que les quedan, y es muy hermoso ser parte de eso”.

Nace una idea…

El primer trabajo que tuvo Veldboer fue como electricista, pero no le gustaba. A los 19 años se hizo taxista, oficio que tampoco le hacía feliz. Con el tiempo, gracias a que su jefe se convirtió en la primera persona en Holanda en adaptar su flota a personas con movilidad reducida, se dio cuenta de que lo que quería era conducir una ambulancia, porque era un trabajo que le permitía “hacer algo por los demás”. Sin embargo, necesitaba una licencia para conducir vehículos pesados y el título de enfermero, con lo que descartó la idea porque dejar de trabajar y ponerse a estudiar no era algo que se pudiera permitir con una familia que mantener. Optó por conducir camiones, durante 12 años y medio, hasta que la legislación relativa al transporte sanitario cambió en Holanda. “Y me convertí en conductor de ambulancias, hace ya 20 años”, relata.

Un día de poco trabajo, a Veldboer y a su compañero les tocó trasladar a un viejo marinero, Mario Stefanutti, desde el Hospital de Schiedam al de Rotterdam. “Cuando lo recogimos, como no teníamos prisa, le preguntamos si quería ir a algún sitio”, narra el fundador de la Ambulance Wish Foundation. “Pensó que estábamos bromeando, pero como sabíamos que había sido marinero insistimos y le ofrecimos llevarlo al puerto. Y allí nos dimos cuenta de que el puerto era su vida. Nos dijo: ‘llevo tres meses postrado en una habitación pequeña, y ahora estoy aquí, en un sitio que pensé que nunca volvería a ver’. Y rompió a llorar. Entonces lo que vi fue a un tío tumbado en una camilla, muy enfermo, cuyos ojos me decían que lo que más deseaba era subirse a ese barco que estaba contemplando. Le pregunté ‘¿quieres subirte al barco una vez más?’, y él dijo ‘no es posible, porque estoy tumbado en una camilla y soy un enfermo terminal’”.

En el hospital no se mostraron muy receptivos con la idea pero Veldboer insistió, ofreciéndose a hacer todos los trámites necesarios. Habló con los trabajadores del puerto y con la policía del lugar, sin obtener mejores resultados. Hasta que su mujer le sugirió llamar "a la gente de Spido, que son los barcos que ofrecen excursiones por el puerto". “Contacté con ellos y les expliqué lo que queríamos. Y me dijeron ‘por supuesto, puede venir, y gratis. Es fácil’. Así que dos días después de esa primera visita regresamos. A nosotros sólo nos costó una llamada de teléfono, y para Mario fue algo muy, muy grande. Y en ese momento, estando en el tour, tuve la idea de comenzar esta fundación. Nunca hubiera esperado que ese día cambiara mi vida completa”, rememora.

Aquello ocurrió en noviembre de 2006, y en abril de 2007 Mario murió, “al mismo tiempo que yo estaba sentado en una notaría firmando los papeles para comenzar con la fundación. Fue hermoso, porque él sabía que estaba por morir y escribió un discurso que alguien más leyó en su funeral, en el que decía que había tenido una vida especial porque un tío desconocido había permitido que navegara por última vez. Fue lo único que decía en el discurso”.

De esta manera se puso en marcha un proyecto que entusiasma tanto a los voluntarios –algunos de ellos con trabajos de 40 horas semanales– como a su fundador. “Cuando nuestros voluntarios comienzan a trabajar acá, ya al terminar su primera salida piden una segunda al día siguiente, porque es un trabajo muy agradable de hacer”, agrega Veldboer. “Además, no sólo ayudas al paciente, también a la familia cuando ven a su madre o a su padre riendo. Hay felicidad y eso es lo que ven. Eso hace que la familia se sienta muy agradecida. Y para nosotros es fácil: dos o tres llamadas y puedes ayudar a alguien. Cada día disfruto con lo que hago”, finaliza.

Fuente: BYUtv, Ambulance Wish Foundation.

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