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El cambio climático no es un fenómeno nuevo, pero las respuestas que surgen frente al problema están pasando, cada vez más, de un enfoque reactivo a uno anticipativo.

Bomberos de Colombia, Chile y Francia explicaron durante el Congreso de Bomberos de la APTB las distintas estrategias aplicadas por sus respectivos países en relación al tema y a los incendios forestales. Por su parte, la Fundación Pau Costa detalló el concepto de ‘ecología del fuego’ y las políticas de prevención basadas en él.

El cambio climático como trasfondo de los escenarios de riesgo en Bogotá DC: Gerardo Alonso Martínez, comandante de bomberos de Bogotá. Colombia.
En los 46 millones de año que se calculan que tiene nuestro planeta han sucedido muchos fenómenos en términos climáticos, con modificaciones sustanciales del clima y cinco glaciaciones. Sin embargo, resulta evidente que “hay algo que está incidiendo en los procesos de cambio global, acelerándolos”, en palabras del comandante de bomberos de Bogotá Gerardo Alonso Martínez. De esta manera, “se está produciendo una transformación de las condiciones atmosféricas, así como un incremento en la emisión de gases que están transformando nuestro territorio”.

Identificando al efecto invernadero y el calentamiento global como los principales causantes del cambio climático, Martínez explicó la respuesta de Colombia ante esta situación, lamentando que, en muchas ocasiones, “frente a los desastres hayamos sido reactivos”. Ello, sin embargo, no significa que no se hayan tomado medidas, como la aprobación en 1982 del Fondo Nacional de Calamidades, o el establecimiento, en 1989, del Sistema Nacional de Prevención y Atención de Desastres, que dio paso al primer Plan Nacional de Prevención y Atención de Desastres, en 1998. De esta manera, se puso fin a la “absoluta descoordinación entre el gobierno central y el territorial, al desconocimiento del riesgo y a la ausencia de mecanismos financieros para abordar adecuadamente el tema”. Finalmente, la Ley 1523, de 2012, estableció una nueva política de gestión del riesgo.

Ya centrándonos en el trabajo de los bomberos de Bogotá, con una dotación de 772 bomberos y 300 administrativos, 78 vehículos para emergencia y 30 de soporte, así como 17 estaciones o parques, atienden cerca de 40.000 incidencias al año, incluyendo las climáticas, que se ven agravadas por los asentamientos ilegales –con viviendas que colapsan ante excesos de nieve o granizo-. Un trabajo titánico que ha llevado al cuerpo a “la necesidad de mejorar nuestras competencias y la idoneidad de nuestra gente”, por ejemplo generando grupos especiales como el USAR (Urban Search and Rescue). Pero este camino de mejora no se puede detener y así lo entienden los profesionales de Colombia, que se han planteado una serie de desafíos a corto plazo, entre ellos la construcción de dos estaciones con vocación forestal y de un centro de altos estudios bomberiles, conseguir certificación internacional para el Grupo USAR e incorporar a los procesos de la entidad la gestión del cambio climático. En cuanto a los objetivos a largo plazo, destacan –entre otros– una mejora en el tiempo de respuesta; ampliar la cobertura del servicio o reestructurar la entidad dando alcance a los conceptos de la gestión de riesgos de desastres. Ahora, se alcancen o no estos objetivos, Martínez tiene una visión del mañana muy clara: “Los incendios forestales serán nuestro gran reto a futuro”, concluyó.

Experiencia de los bomberos de Chile en los incendios forestales de 2017: Alejandro Artigas Mac-Lean. Punto Focal Operativo Nacional. Bomberos de Chile. Chile.
Los bomberos chilenos se diferencian de sus homólogos de otros países en que son, en su totalidad, voluntarios. “No recibimos pago ni tenemos aporte alguno al momento de nuestro retiro”, explicó Alejandro Artigas, Punto Focal Operativo Nacional de Bomberos de Chile. Pese a ello, los 46.000 voluntarios de los 313 cuerpos y 1.250 compañías que existen son “profesionales desde el punto de vista de las competencias y la preparación”, lo que les permite afrontar los frecuentes desastres naturales que vive el país, como fuertes movimientos sísmicos o incendios de grandes proporciones. Situaciones en las que van sobrados de experiencia.

Precisamente las lecciones aprendidas durante los incendios forestales de Valparaíso en 2014 permitieron actuar de manera más rápida y coordinada frente al macro incendio que vivió el país este año, que nuevamente se ensañó con la zona central, particularmente con Valparaíso, donde una gran parte de la población –la más pobre- vive en las partes más altas de los cerros, “propensas a los incendios por su vegetación y los basurales”, en edificaciones inestables, construidas muchas veces “con madera e incluso cartones”, lo que “agrava el problema”. De esta manera, si en 2014 los incendios dejaron más de 11.000 damnificados y más de 2.000 casas perdidas, en 2017 “sólo” se perdieron 300 hogares.

¿Qué conclusiones nos deja este gran incendio? La primera, y más importante de ellas, es que la ciudad puerto no está preparada para un desastre de esas dimensiones, a pesar de la experiencia adquirida, y que sigue faltando una planificación urbanística, a lo que se suma la falta de estanques con agua en la parte superior de los cerros. Además, falta conciencia de los riesgos, y no se aplica el concepto SCI (sistema de comando de incidencias).

Todo ello contribuyó a una situación particularmente virulenta, un incendio –o mejor dicho una simultaneidad de ellos- “de sexta generación” según la clasificación del Sistema de Protección Civil de la UE, es decir con una línea de fuego de intensidad calorífica mayor a 30.000 kW/m. En el caso chileno se superaron los 60.000 kW/m hora, llegando a destruirse 114.00 hectáreas en 14 horas y contabilizándose una velocidad de propagación superior a 6 km/h. En cuanto a la duración, fue de 19 días en su etapa más violenta (16.500 hectáreas quemadas por día), y de 36 en total, requiriéndose la intervención de casi 20.000 personas, entre brigadistas, bomberos, policía y fuerzas armadas. Esta situación de “tormenta de fuego extrema”, reforzada por “un cúmulo de circunstancias meteorológicas simultáneas, una extrema y una prolongada sequía y otras situaciones anómalas”, dejó al país en “una situación que escapaba a la capacidad de extinción de cualquier operativo de incendios forestales”.

Fruto de esta experiencia, para la cual “la ONEMI (Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior) no estaba preparada” y donde quedó en evidencia la falta de coordinación de los servicios y la existencia de distintos protocolos, Chile y sus bomberos decidieron adscribirse a las normas INSARAG y crear un Sistema Nacional de Operaciones USAR, que se traduce en siete grupos USAR acreditados nacionalmente y uno en proceso de clasificación internacional. Esta experiencia, que está resultando “muy exitosa”, está siendo replicada, adaptando las normas y procedimientos, en otras especialidades, como es el caso de los rescates mineros.

La investigación de IIFF aplicada a la gestión del fuego: Javier Jiménez Caballero de Rodas. Socio Pau Costa Foundation. España.
La Fundación de Ecología del Fuego y Gestión de Incendios Forestales Pau Costa Alcubierre, a través de su socio Javier Jiménez, también estuvo presente en el Congreso de la APTB para explicar la labor que desarrolla la entidad, fundada en enero de 2011 “con la ambición de ser una plataforma de información en gestión de incendios forestales, a la vez que un instrumento de difusión e investigación de la ecología del fuego”. Surgida de la constatación de que existía una necesidad en Europa de disponer de una plataforma que capitalizara el conocimiento y la experiencia acumulada por los especialistas, pudiendo ser compartida a nivel nacional e internacional, cuenta con colaboradores en diferentes países. Es también su voluntad “llegar a países en desarrollo, que no tienen acceso a este tipo de conocimientos”, dirigiendo sus objetivos tanto al mundo social como académico y operativo. Coordinar estos tres mundos es, por tanto, “parte del trabajo y el objetivo de la FPC”.

La visión de la FPC es que “el fuego y los incendios siempre han estado aquí”, y que dejar evolucionar el ecosistema sin gestión, pero pretendiendo erradicar el fuego del mismo, agrava el problema, lo que también ocurre con el cambio climático, que introduce un escenario en el que los incendios “son y serán cada vez más frecuentes e intensos, y por ello más nocivos para el medio y peligrosos para la población”. La fundación considera la eliminación total de los incendios “una batalla perdida”, algo imposible, por lo que se requiere una “estrategia de comunicación y responsabilidad social” que, asumiendo esta realidad, “genere una responsabilidad personal, social e institucional compartida”.

Es necesario, entonces, recuperar un régimen de fuego sostenible, lo que implica el uso del fuego “prescrito y controlado” y una cultura de autoprotección, “imprescindible para adaptar la presencia humana a la del fuego”. ¿Pero cómo se consigue esto? A través de “políticas de prevención basadas en la propia ecología del fuego”, y mediante la profesionalización del sector en dispositivos de prevención y extinción por especialistas en la materia, “con estabilidad orgánica, coordinados y compatibles entre sí a escala nacional y europea”.

Esta ecología del fuego que defienden desde la fundación no es otra cosa que el estudio del papel de los incendios en los organismos y ecosistemas para una prevención proactiva y una recuperación de los regímenes de incendios alterados y de la biodiversidad. Esto lleva a dejar de entender el concepto de incendio forestal como una perturbación en el ecosistema, para entenderlo como un proceso ecológico que determina la estructura y funcionamiento de muchos ecosistemas. Ecología y gestión de fuego son, entonces, dos caras de una misma moneda. “Avanzar y afianzar conocimientos en ecología del fuego sin llevarlos a la práctica es condenar a esta rama de la ciencia a convertirse en meros postulados técnicos”, explicó Jiménez. De esta manera, la gestión del fuego debiera sostenerse en los siguientes pilares: capacidad de análisis, investigación, formación continua, intercambio de información a todos los niveles, divulgación y coordinación. De la misma manera, se requiere urgentemente un cambio de paradigma en la prevención y la extinción, ya que los entornos, la población –densidad y distribución-, los usos agroforestales y la gestión socieconómica del monte han cambiado, a lo que se suma un escenario de cambio climático.

La estrategia de Seguridad Civil francesa en materia de incendios forestales. Gestión operativa y mando ante IIFF. Coronel Jean-Pierre Salles-Mazou. Instructor Escuela Nacional Superior de Oficiales de Bomberos de Francia. Francia.
En un contexto marcado por las condiciones meteorológicas extremas en julio y agosto, acercándose a los 40º; vientos muy violentos; una humedad entre el 10 y el 20% en condiciones extremas; alta densidad de urbanización y población y una fuerte frecuentación turística en verano, Francia ha basado su estrategia de lucha contra los incendios forestales en dos principios fundamentales: Un enfoque global en la prevención y lucha y la anticipación, tanto de tiempo como de espacio y recursos. La idea, tal como explicó el coronel Jean-Pierre Salles-Mazou, es “procurar resolver el problema de los incendios forestales lo más arriba posible”. En cuanto a los objetivos, son cuatro: impedir los fuegos, controlar los nacimientos en su fase inicial, limitar los desarrollos catastróficos y rehabilitar los espacios incendiados.

La respuesta operacional contra los incendios forestales se basa en tres principios: ataque inicial rápido, ataque masivo y prioridad para los fuegos nacientes, con tres líneas de acción que dan forma a esta respuesta: patrullas terrestres, reducción de los tiempos de intervención y seguridad colectiva e individual de los bomberos.

En lo que respecta a la formación, el ponente explicó que además de la Escuela Nacional de Oficiales , existe una Escuela de Aplicación de Seguridad Civil (EcASC Valabre - École d'Application de Sécurité Civile), con un Programa Nacional de Formación gracias al cual “todos los bomberos de Francia hablan el mismo idioma y pueden trabajar con los mismos procedimientos”. El programa contiene cinco niveles y permite simulacros departamentales y regionales, contando con una plataforma de realidad virtual “muy realista, con costes menores que los ejercicios reales, más flexible y que permite pruebas de diferentes configuraciones, así como aprendizajes de ensayo y error”, entre otras ventajas.

“Esta estrategia funciona”, enfatizó el coronel Salles-Mazou. “No estamos en cero, pero funciona. Desde que existe se ha registrado una disminución sostenida en la cantidad de hectáreas quemadas”, finalizó.

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