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El pasado 26 de abril, en el marco del 30° Aniversario de la Asociación Comunidad Valenciana de Empresarios de Ambulancias (ACVEA), se celebró en el Hotel Balneario Las Arenas de Valencia la mesa de diálogo abierto ‘Inquietudes empresariales de futuro’.

A estas alturas para nadie es un secreto que el sector ha sufrido una transformación en los últimos años. La inclusión de nuevos actores ha producido cambios en la pequeña y mediana empresa, si no su desaparición. ¿Responde esto a una intención de la propia administración de generar grandes grupos, al interés de sectores ajenos o a una dejadez de estas pequeñas y medianas empresas a la hora de liderar el sector? Con esta pregunta arrancó el debate.
 
Ramón, empresario asturiano: ‘No hemos sabido crear sector’

Pese a que quiso entregar un mensaje de optimismo, el representante de empresarios de transporte sanitario no pudo evitar preguntarse si “esos esfuerzos e inversiones que hemos hecho durante años por mejorar la prestación a los ciudadanos merecen la pena o si serán correspondidos”. 

Ramón, que vivió en primera persona “el cambio de ambulanciero a técnico de transporte sanitario, con todo lo que eso representa”, lamentó que ahora nos encontremos en “una disyuntiva mercantilista donde todo vale”. “Económicamente los conciertos son inviables y te replanteas como empresario continuar en este sector”, reflexionó, añadiendo que “de puertas hacia adentro hemos hechos nuestros deberes, hemos mejorado, pero no hemos sabido crear sector. Todos hemos hecho un poco la guerra por nuestra cuenta y hemos querido blindarnos sin saber crear una entidad que realmente ponga las cosas en su sitio”, reflexionó.
 
Reconociendo que la competencia es buena y enriquece, siempre que se dé con unas reglas de juego claras, para Ramón “es responsabilidad de la administración no prestar el servicio más barato que pueda, sino velar por la calidad del mismo”. Y, evidentemente, con una dotación presupuestaria que no cumple “ni con los mínimos del gasto” la calidad del servicio se verá deteriorada, así como las condiciones laborales de la plantilla, al representar los trabajadores cerca del 65% de la partida de gastos.
 
Pablo, técnico en emergencias: ‘No se nos valora como se nos tiene que valorar’
 
Pablo, técnico de emergencias sanitarias, fue la voz de los trabajadores en la mesa y destacó los esfuerzos que han tenido que hacer sus compañeros para sacarse una titulación “siendo muy mayores o con hijos, es decir con muchas dificultades para estudiar”. Pese a ello, siente que “a nosotros tampoco se nos valora como se nos tiene que valorar. Con todo el esfuerzo que hemos hecho y el cambio que hemos tenido, no se nos valora como personal sanitario, pese a que hacemos muchísimas cosas que no tendríamos que hacer”, resume.

Sin embargo, minutos más tarde Pablo aclaró que “las empresas sí que nos valoran, quien no nos valora es la administración”. Y peor aún, “no hay protocolos de actuación, con lo cual unas veces esto es blanco y con otro coordinador es verde”. ”Muchas veces no sabemos qué hacer”, se lamentó.
 
El sector, también responsable
 
¿A qué responde entonces esta situación?, insistió Ángel Garzón, moderador de la mesa. Para Ramón la respuesta se encuentra “en un cúmulo de factores”, si bien algunos tienen más peso que otros. “La administración lo propicia porque sale beneficiada de la situación, o al menos así lo cree en su cortedad de miras porque cuando tienes un concepto absolutamente mercantilista de algo tan importante como es el transporte sanitario, un ahorro del 12 o el 15% parece que está bien. Pero es un beneficio muy a corto plazo porque al final van a conseguir desmontar un sistema que funcionaba, que era eficiente y que se encontraba en una progresión de mejora”, pronosticó. Por otra parte, para el empresario asturiano “dentro del sector también nos miramos el ombligo. No hemos sido capaces de crear conciencia de sector, aunar esfuerzos y crear unas reglas del juego para que todos compitamos en igualdad, con lo que se está propiciando lo que yo llamo la política del caos”: Empresas que se están quedando fuera y van sin rumbo, competencia desleal… “Ya no es que la administración baje los criterios de licitación, somos nosotros mismos, con lo cual el argumento de la administración se cae. Porque lo que era insuficiente alguien lo da un 10% más barato. Nosotros somos parte del problema. Deberíamos ser la solución y no la estamos siendo porque no somos capaces de aunar esfuerzos y ponernos de acuerdo”.
 
Aclarando que no se refiere a fijar precios, sino que a “poner las cosas en valor”, es decir “fijar un valor objetivo de nuestro trabajo y de nuestro esfuerzo”, Ramón llamó a sus compañeros del sector a “competir en igualdad”. “El transporte sanitario somos todos, no sólo los 135 empresarios que estamos en esto. Somos las miles de personas que todos los días se suben a una ambulancia y hacen su labor, la mayoría de las veces con entusiasmo porque esta profesión tiene mucho de vocación. Nuestro único activo es hacer bien nuestro trabajo y transmitir que lo hacemos bien. Pero estamos perdiendo, porque competimos con gente que no está a nuestro alcance”, finalizó.
 
Los objetivos de ANEA
 
A continuación tomó la palabra el presidente de ANEA para señalar que la federación se ha planteado el objetivo de abrir las jornadas nacionales a los técnicos y a todos los demás intervinientes en el sector (sindicatos, colaboradores, proveedores, medios…), tanto para dar voz a todos los agentes que participan en el transporte sanitario como para potenciar la difusión de la entidad que preside. “No puede ser que a nivel nacional y de usuario se conozca más el Samur de Madrid que la Federación de Nacional de Empresarios de Ambulancias, que reúne a prácticamente todas las empresas de transporte sanitario”, apuntó.
 
Por otra parte, Juan de Dios Pastor señaló que echó el falta en el debate “un factor importantísimo, que es la madre del cordero de nuestra razón de ser: La coordinación”. “Cuando empezamos a perder los centros de coordinación de emergencias empezamos a perder parte de nuestro criterio, y creo que es algo importantísimo y que debemos luchar por recuperarlo”, añadió, lamentando que ya haya algunas comunidades que “nos están quitando también la coordinación del transporte programado”. “Tenemos que luchar por estar integrados dentro de esas centrales de coordinación, porque no estamos. No hay un solo técnico”, insistió.
 
Un tercer objetivo, “con el que creemos que vamos a levantar muchas ampollas porque los empresarios somos conservadores por naturaleza y no nos gustan los cambios”, es una labor de investigación que permita crear una plataforma de costes, o dicho de otra manera, un observatorio de necesidades económicas mínimas, “para, una vez hecho esto, trasladárselo al ministerio”. “Hay que hacer con ellos una labor, a partir de ya, donde le transmitamos cuáles son los costes mínimos y les hagamos entender que se tienen que respetar en los diferentes concursos. Y que las subastas no sean a la baja económica sino al alza de mejora en recursos. Y después que haya competencia”, reflexionó.
 
Conclusiones e intervenciones del público
 
Para muchos de los asistentes a la mesa es evidente que el sector “no ha hecho los deberes”. “Estáis mirándoos al ombligo”, advirtió el presidente de ANEA. “El sector muchas veces no ha sabido responder a la administración, y esa situación nos lleva a una situación en la que, si tú no cubres los espacios, vendrá alguien que los cubra”. Y aparecen entonces empresas que invierten a través de fondos de inversión, porque ven un nicho de rentabilidad que no encuentran en otro sitio. “Y en eso son expertos, nos ganan con mucho. Son grupos con capacidad de inversión y capacidad de gestión en la parte económica. Y nosotros estamos más reinventados como empresa tradicional. Entonces ganarles la partida es muy difícil si no sabes responder y has dejado la puerta abierta, con lo que el sector se enfrenta a una situación muy complicada”. “Porque nos estamos fagocitando, estamos haciendo el caníbal con nuestro propio sector”, sentenció. Asimismo, hizo un llamado a la administración a valorar otros factores que no se tienen tanto en cuenta, y a no centrarse en pedir vehículos nuevos, que en el próximo concurso “ya no servirán de nada”. “Como administración, valorar un producto de calidad puede ser pedir una flota con una edad media de x años y que sea sostenible”, apuntó Juan de Dios.
 
Por su parte, el empresario asturiano expresó su desacuerdo con la idea de que las empresas que vienen de fuera del sector “sean mejores que nosotros”. “Llega un punto en el que me creo eso lo justito”, continuó. “Porque no creo que ellos vayan a asumir un contrato a la baja y que vayan a estar manteniendo esas pérdidas durante toda la duración del contrato. Más bien creo que quien concurre en esas condiciones al menos tiene previsto incumplir los términos de ese contrato. No me vale eso de ‘son ricos, tienen capacidad’, porque no conozco a ningún rico al que le guste perder dinero. Todo ese discurso lo veo muy manido”. “¿En qué compiten mejor que nosotros? ¿Su modelo de gestión es más eficiente que el mío? Compiten mejor que yo porque tienen un mayor campo de influencia o más contactos o más posibilidades de ganar el contrato. ¿Pero ejecutarlo mejor que yo? Sigo sin creérmelo”, finalizó.
 
Eulalia Fontán, gerente del Consorcio Extremeño de Transporte Sanitario, tomó la palabra para rebatir la afirmación de que las empresas no han hecho sus deberes. “Al menos hemos hecho una parte importante de ellos”, matizó, señalando que en los últimos 20 años el sector ha evolucionado, se ha profesionalizado y se ha puesto a la altura de todo tipo de normativas. “Pero a la hora de la verdad la Administración no ha cumplido. Siempre nos quedamos esperando que el próximo concurso sea ese que nos saque de dónde estamos, hasta que vemos que todavía es peor”, indicó, añadiendo que las empresas externas pueden haber entrado en el sector por circunstancias varias, pero que al final da igual si se trata de una empresa localista, un grupo inversor o una empresa expulsada de otro sector, “el objetivo de cualquier empresa es ganar dinero”. Entonces, para Fontán la pregunta es “¿qué toca ahora? “Porque además nos estamos destrozando. La Administración nos hay planteado una guerra, pero es poco lo que nos está haciendo ella al lado de lo que nos estamos haciendo entre nosotros. ¿No tendríamos que ponernos de acuerdo en las reglas del juego? Porque creo que de otra manera terminaremos desapareciendo”.
 
En este punto del debate volvió a intervenir el moderador para advertir acerca de los peligros de las impugnaciones a los concursos, señalando que lo peor ya no es la competencia a la baja que se da en ellos, sino que las continuas impugnaciones pueden llevar a situaciones tan críticas como la de Baleares, donde la Administración decidió dejar de contar con el sector privado y crear una agencia pública de explotación de los recursos. “Hasta ahí llega el daño que nos estamos haciendo. Y al final lo vamos a perder todo, como pasó con los centros de coordinación”, advirtió. “Si seguimos impugnando los concursos, dando por saco a la administración y generándole problemas, al final vamos a desaparecer todos con el tiempo”. Es por ello que para Ángel Garzón resulta indispensable que “participemos todos”. “Tenemos que exportar nuestras experiencias y nuestras ideas. El qué debemos hacer es cosa de todos, no de la Junta Directiva de ANEA, que se limita a tramitar aquello que los asociados quieren”.
 
Desde ese espíritu de colaboración, ANEA quiere “abrir el grupo de trabajo que en su día se creó en el Ministerio y que nos dio tan buen resultado para, a través de él, hacerle ver a la Administración General que el tema de los concursos requiere unas plataformas mínimas”. “Y otra cosa es que no podemos estar con concursos de cuatro años”, continuó Garzón. “Esto es una locura. Porque todos invertimos en formación del personal, por ejemplo. Y que luego le den tu contrato a otro y ese otro se quede con tu personal… son activos que has perdido”. Entonces tal vez tendríamos que investigar una figura de la concesión, más que de la adjudicación del servicio”, planteó. Además, para Ángel Garzón “lo ideal sería que nos respetásemos. Porque cuando te quitan la silla te quedas dando vueltas a ver qué silla pillas. Lo que hace el panorama bastante complicado”.
 
Abierto el turno de preguntas, algunas de las personas del público tomaron la palabra para matizar las opiniones vertidas en la mesa de diálogo. Una de ellas se preguntó si “a lo mejor tendríamos que fusionarnos más todavía para hacernos más fuertes”, mientras que otra hizo un llamado a “compartir entre nosotros nuestros conocimientos y experiencias”, identificando a la colaboración como uno de los elementos de los que más adolece el sector –y de los más necesarios– actualmente. Colaboración y confianza, por ejemplo, a la hora de compartir información que permitan establecer una estructura de costes, así como para establecer unas reglas de juego “claras y limpias”. “La pregunta –señaló uno de los intervinientes- debe ser cómo añado valor a mi propuesta de negocio para que la Administración me la dé a mí, no cómo le quito valor para que no se la dé a otro”.
 
También tomó la palabra un proveedor, que se presentó como Manolo, para decir que también ellos sufren “el monopolio de la demanda”, al tener como únicos clientes a las empresas de ambulancias. A juicio de Manolo, “en una época proveedor y empresa sí fuimos de la mano, aprendiendo unos de otros cómo hacer una ambulancia. Pero ahora el sector ya no cuenta con nosotros, tanto fabricantes como carroceros, sino que va directamente a la administración y le pone la miel en la boca para que ella elija que tipo de vehículo quiere. Entonces quedamos un poco como pardillos, y nos encontramos con pliegos que piden un material específico que sólo tiene una empresa, o que genera una lucha interna entre nosotros. Porque la Administración pide, pero no paga lo que pide ni sabe cuánto cuesta determinada modificación en el carrozado. Y cuesta mucho”, recalcó.
 
Finalmente, se retomó el tema de los técnicos, considerados por los empresarios como “nuestro principal activo”. “Sin embargo todo el recorte que hemos sufrido lo hemos repercutido en los trabajadores. Y eso es una bomba de relojería que tenemos que desactivar, tenemos que darnos cuenta de que es algo que se puede volver en contra de nosotros”, previno el último interviniente.

 
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