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En este artículo nuestro colaborador Manuel Rujas, sargento conductor del Cuerpo de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid, nos ofrece las claves para la adquisición de un vehículo BUL.

A todos nos gustan los camiones de bomberos grandes, con infinidad de espacio para cargar toda clase de equipamiento y además disponer en ellos de una gran capacidad para transportar agua. Pero la realidad es otra y nos lleva a la necesidad de vehículos de extinción de incendios acordes con las necesidades y la estructura arquitectónica de las ciudades. Esto nos plantea nuevos retos en la prestación del servicio de extinción de incendios. En España no existe un modelo ni un fabricante que unifique los vehículos dedicados a los servicios de extinción de incendios. Esto nos obliga a conocer de antemano todas las propuestas que existen en el mercado de vehículos comerciales.

La elección de un BUL es muy difícil, hay que evaluar y priorizar según el tipo de intervención, el material más necesario e imprescindible, ya que el espacio disponible en este tipo de vehículos es muy limitado. Un problema que estamos observando en los fabricantes de vehículos industriales es que en sus gamas medias, que están enfocadas a la distribución, van primando, como no puede ser de otra manera, el confort y la habitabilidad de las cabinas. Esto nos crea un problema, porque es en este segmento de donde se nutre los chasis FIRE y el aumentar el confort y la habitabilidad trae consigo el aumento de las dimensiones de la cabina. Los chasis de distribución, con los consiguientes cambios de adaptación necesarios, son los más empleados para carrozarlos en vehículos de bomberos. En estas gamas las cabinas de vehículos industriales han crecido a lo ancho en los últimos años. Aunque son las mínimas, todavía quedan algunas excepciones que siguen conservando modelos con cabinas de 2.100 mm de ancho. Pero no todo tiene que ser negativo, porque con todas las innovaciones actuales ahora existen las gamas de chasis cabinas de los denominados vehículos ligeros que siguen manteniendo una anchura más razonable que nos permite llegar a las zonas más complicadas.

Modelos de chasis-cabina

Podemos diferenciar dos modelos de chasis-cabina. Uno que procede de las furgonetas y un segundo de los camiones ligeros.

Los chasis-cabina con origen furgoneta han aumentado en prestaciones. Ahora disponemos de modelos con MMA que se acercan al máximo permitido para calificarlos como camiones ligeros. EL tope de MTC (Masa Total en Carga) para considerar como bombas urbanas ligeras es de 7.5 t. y en el mercado encontramos ahora chasis-cabina de origen furgoneta con una MMA de 7,2 t. y además con una capacidad de carga útil de 4.900 kg. Este tipo de chasis cabina incorporan todas las innovaciones actuales, y dan a este tipo de BUL unas características mucho más urbanas. Los beneficios son notables con este tipo de vehículos, se gana en agilidad y maniobrabilidad, pero en contra tenemos el inconveniente de tener cabina con capó.

El segundo modelo de chasis-cabina que encontramos es el procedente de la gama de camiones ligeros. Como hemos comentado antes, es difícil encontrarlos, pero todavía existen. Este tipo de chasis son bastante más robustos que los anteriores, también su MMA máxima es algo superior, nos acercamos a las 10 t, lo que lo sitúa fuera de norma por masa para considerarlo oficialmente BUL pero, por sus dimensiones exteriores en las que seguimos manteniendo los 2.100 mm de ancho, que es lo más importante, creemos oportuno mantenerlo en este segmento. Este aumento de MMA nos permite poder sobredimensionar con respecto al anterior modelo la equipación que creamos oportuna. Por poner un ejemplo en este vehículo podemos disponer de un depósito de agua más grande sin perder otro tipo de equipamiento. Otro punto a favor en este tipo de chasis- cabina es la posibilidad casi infinita de la que disponemos para adecuar la distancia entre ejes a nuestras necesidades. Encontramos desde los 3 a los 5 metros, pero para que nuestro BUL sea realmente operativo nos tenemos que quedar entre los 3 y los 3,3 metros de distancia entre ejes. Más de esta distancia perderíamos mucho radio de giro y nuestro BUL dejaría de ser operativo en zonas de la ciudad con calles estrechas.

Cadena cinemática

Las cadenas cinemáticas en ambos modelos se pueden montar a la carta. Empezando por los motores la gran diversidad de modelos y potencias hacen que no seleccionemos adecuadamente esta parte tan importante. Estos vehículos de primera salida, realizan una gran parte de las intervenciones diarias de nuestros servicios de extinción. Su número de intervenciones supone casi el 80% de las realizadas. Esto quiere decir que estos vehículos son con mucho los que más kilómetros y horas de trabajo de motor van a tener. Es por esto que es necesario potenciar esta elección y creo que merece la pena invertir en el motor. En un chasis camión la oferta de potencia la encontramos desde 150 a 240 cv en motores de cuatro cilindros con 5 litros de cubicaje. Si optamos por un motor más potente de seis cilindros nos moveríamos en potencias de 220 a 320 cv. En mi opinión particular, yo prefiero el menos potente de los motores de 6 cilindros, creo que realizan mejor su cometido que un motor de cuatro cilindros.

Para los chasis-cabina derivados de las furgonetas, las motorizaciones son más ajustadas y solo disponemos de motores de cuatro cilindros con potencias máximas en torno a los 200 cv en cubicajes de 3 litros.

Caja de cambios

Para la caja de cambios los fabricantes actuales nos ofrecen una variada gama de posibilidades. La elección de una de ellas es complicada. Si ofrecemos la elección de tres modelos; manual, automatizada y automática, seguro que hay preferencias por los tres.

Siempre habrá personal más favorable a un modelo que a otro. Por otro lado, la tendencia general es la incorporación de cajas de cambios automatizadas o totalmente automáticas. Estas nuevas cajas ofrecen un plus añadido a la conducción, pues liberan al bombero/ conductor de la necesidad de estar pendiente del momento del cambio de marcha. La incorporación de controles electrónicos, como la ayuda en pendiente, corrigen los inconvenientes que podían presentar este tipo de cajas de cambios. Por mi experiencia personal, yo instalaría en este tipo de vehículos una caja de cambios automática por dos motivos: uno, la facilidad de su uso y, un segundo, la fiabilidad mecánica que ofrece. Pero, siempre habrá nostálgicos de las cajas manuales.

El gran olvidado de la cadena cinemática es el eje motriz. Esta es la última pieza de nuestra cadena cinemática y es la encargada de transmitir el movimiento a las ruedas. Hay infinidad de relaciones de grupo disponibles para el par cónico diferencial. Esta relación nos marcará la velocidad final de nuestro BUL en relación con el régimen del motor, algo muy importante que casi nunca tenemos en cuenta.

La parte que nos queda por definir es la superestructura. En esta dependemos de los carroceros para que lleven a buen fin nuestro BUL. En la actualidad los sistemas de fabricación nos permiten optimizar hasta el último rincón de nuestro vehículo gracias a la incorporación de cajones móviles, puertas abatibles y un etcétera de soluciones que nos facilitarán incorporar todo el material necesario a nuestro BUL.

Lo que sí es muy importante al realizar el carrozado de nuestra superestructura es mantener la anchura de nuestra cabina. La incorporación de los sistemas modulares por parte de los carroceros les facilita la adaptación, tanto en anchura como en longitud, del carrozado deseado. Por este motivo no debería haber ningún motivo por el cual nuestro BUL no conserve la anchura deseada de 2.100 mm de ancho para poder llegar al último rincón de la ciudad y así poder desarrollar nuestro trabajo cuando seamos requeridos.

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